martes 1 de septiembre de 2009

The Irish Times: 150 años de periodismo


Con los años me he convertido en un freaky de los periódicos. De visitar las redacciones de diarios extranjeros, para concretar. Lo hice en Roma con Il Messagero; lo acabo de hacer en Dublín con The Irish Times. No es que haya un servicio turístico preestablecido; sólo me acerco y pregunto. Este año conmemoran el 150 aniversario del diario irlandés, con seguridad uno de los periódicos en activo más antiguos del contienente. Entro en la sede de Tara Street con unos compañeros y en pocos minutos nos recibe el redactor-jefe de nacional, Kevin O'Sullivan. Tiene un inglés muy suave y habla de forma pausada, con que nos entendemos bien. Subimos a la planta donde trabaja la mayoría de periodistas. Nos explica dónde se ubica cada sección en aquella sala rectangular. A un lado trabajan los redactores de internacional; junto a ellos, unas mesas hacia la derecha entramos en los dominios de sociedad y cultura; a su lado, los huesos duros de la política irlandesa, nacional, y entonces llegamos a un espacio circular, con un gran vacío en el centro y con sillas y mesas en la periferia. Aquí toma las decisiones la dirección, debaten los jefes de sección y el director de arte y los diseñadores (tres, en total) distribuyen los contenidos. Al otro lado del círculo, como en un mundo aparte y en silencio, en contraste con el resto de periodistas de la sala, trabajan los de economía (diez). A los de deportes no les veo. Están en otra planta. The Irish Times cuenta con una plantilla de 70 redactores, diez de ellos corresponsales (en Londres, Belfast, París, Roma, Washington o Madrid; también con un equipo permanente en el Parlamento y escritores que colaboran de forma puntual en otros países). "El diario considera que lo que ocurre en el mundo es importante", remarca O'Sullivan. La profusión y profundidad de información internacional y de finanzas suele caracterizar a los diarios catalogados de serios, y éste lo es. Dispone de una tirada de 130.000 ejemplares cada día, bastante para un país de unos cinco millones de habitantes, y su edición en línea fue una de las primeras de Europa. ¿Quién es el propietario?, le pregunto. "No hay". Respuesta meridiana. Son muchos pequeños propietarios, es un trust. "Para preservar la independencia -puntualiza el periodista irlandés- y para evitar ser comprados por Rupert Murdoch". Ríe mientras menciona al magnate, pero se patentiza un cierto respeto a poder perder las garantías de libertad en los tiempos que corren.

El Liffey


De París, el Sena; de Roma, el Tíber; de Londres, el Támesis. ¿Y Dublín? Antes no lo sabía, pero ahora ya lo sé. El Liffey. No tiene un nombre tan señorial como los otros, pero Dublín nunca fue una ciudad de postín, así que el nombre del río se adecúa a lo que hay. Es una de las mejores estampas de la capital de Irlanda, con la brisa siempre abofeteándote la cara cuando caminas sobre alguno de los puentes, y con vistas a Christ Church, Four Courts y la fábrica de Guinness. Los ingleses surcaron el río con sus barcos de guerra para bombardear la ciudad durante la guerra de independencia (1919-1921). Detalles: por el día, el agua del río va en una dirección un otra según haya pleamar o bajamar; por la noche, el agua en movimiento se tiñe del color amarillo reflejo de las luces de la calle.

Mulligan's

Leí en una guía de viajes que John Fitzgerald Kennedy acostumbraba tomar unas cervezas en este pub irlandés de toda la vida, cuando trabajaba de periodista en Dublín. Y se me encendió la bombilla interior. Tengo que ir, me dije. Kennedy ha sido siempre un personaje de la historia que me ha despertado mucho interés, pero desconocía su faceta de plumilla. Así que empecé a buscar por Internet cualquier información que me llevase hacia una prueba concluyente. No la encontré (siento matar tan pronto la intriga). Ni Wikipedia ni las biografías de los presidentes que aparecen en la web de la Casa Blanca, entre otroas fuentes, me aclararon el asunto. En unas páginas se decía que tuvo intención de convertirse en periodista antes de que la muerte de su hermano Joseph en la II Guerra Mundial, lo 'obligase' a sustituirle como el político de la familia que debía llegar a presidente. En otras webs se sugiere que llegó a trabajar como redactor un tiempo, antes de conseguir su escaño en el Congreso. Aunque también hay quien no menciona nada de eso y sólo se atreve con que JFK recorrió varios países europeos al terminar la Universidad y antes de incorporarse a la Guerra que empezó un día como hoy de hace 70 años. ¿Qué pruebas tengo que me hacen pensar que fue periodista en Dublín? Que la sede de The Irish Times está a 50 metros del Mulligan's, que hay una fotografía de Kennedy firmada por él mismo en este pub y que el presidente escribió un par de libros mucho antes de llegar a ser precedesor de Obama (uno titulado ¿Por qué Inglaterra se durmió? y otro sobre senadores estadounidenses cuyo título no recuerdo). Si a eso sumamos que los orígenes de su familia proceden de Irlanda, tanto maternos como paternos (su abuelo paterno fue alcalde de Boston y uno de los dirigentes de la comunidad irlandesa), sumando eso, no sería descabellado sostener que pasó un tiempo por Europa al acabar la Universidad y trabajó en un diario. No he resuelto el misterio. Pero estuve en aquel pub sólo porque allí había estado él.

La Gran Hambruna

Monumento a los emigrantes por la Gran Hambruna junto al río Liffey, Dublín

Algunos expertos dicen que la Gran Hambruna (Great Famine) que azotó Irlanda entre 1845 y 1849 (aunque los efectos se han dejado notar durante la historia posterior de este país), no debería llamarse así. Porque hay hambre cuando no hay alimentos. Pero en este caso, en la Irlanda de hace siglo y medio, sí había, y muchos. Desde que vino de América, la patata se convirtió en la única pieza de la pirámide nutricional. El clima y las condiciones de la tierra favorecían el cultivo. Sin embargo, en 1844 un hongo afectó a la patata y se dejó de consumir. Ante eso mucha gente murió de hambre y otros muchos emigraron a Estados Unidos, Reino Unido y Australia. En cuatro años, Irlanda pasó de 8 millones de habitantes a 2. Y de los que emigraron, muchos no llegaron. Barcos no preparados para transportar a tantas personas; muchas de ellas enfermas y débiles que no resistieron un viaje tan largo en condiciones insalubres. Pero si había otros alimentos, ¿por qué no se los comían? Irlanda fue colonia británica durante ocho siglos, hasta la independencia en 1921. Era un país agrícola y con una estructura casi feudal, donde la propiedad de la tierra recaía en los terratenientes ingleses mientras los irlandeses sólo la trabajaban, pagando además rentas para vivir en una pequeña parcela de terreno. Inglaterra vivía el auge de la revolución industrial y los obreros no tenían tiempo para cultivar nada. Irlanda era el granero que abastecía a la Gran Bretaña, que no consintió a los irlandeses comerse lo que producían para así evitar morir de inanición.

martes 28 de julio de 2009

The Cliffs




Cómo no iban a creer en la Edad Media que esto era el fin del mundo... Uno se siente poderoso desde allí arriba, y al mismo tiempo insignificante ante un océano inmenso. Los Acantilados de Moher, en el oeste de Irlanda, son finalistas de un nuevo concurso internacional que pretende seleccionar las siete maravillas naturales del mundo. Dan ganas de saltar sólo para desafiar a la naturaleza y a uno mismo. Aunque es mucho mejor el salto imaginario, dónde va a parar. Porque todos tenemos acantilados en nuestras vidas desde los que a veces, aunque nos asuste el abismo, hemos de saltar. El paisaje más bonito que he visto en mi vida.

Il Folleto

No sé si este cartel publicitario funcionaría en cualquier país de habla hispana para lograr su cometido y atraer clientes. Comida, lo que es comida de comer, no sé si tienen en este restaurante del casco antiguo de Galway. Y su web precisamente no nos recuerda a la pizza napolitana. ¿Servirán penne rigatte?

El Arco

En la bahía de Galway, justo en el punto en que el río Corrib se funde con el Atlántico, se levanta un arco de piedra de 1519, conocido como el Arco de los Españoles. En el imperio de Felipe II puede que nunca se pusiera el sol, pero Irlanda no formaba parte del botín. ¿Por qué entonces este nombre? Por las frecuentes visitas de barcos españoles que comerciaban con esta región. Y bien orgullosos están por aquí de la visita de Cristóbal Colón en 1477 en su ruta hacia Islandia, años antes del Descubrimiento de América. Antiguamente, bajo el arco vendían el pescado. A nosotros nos sirvió para cobijarnos de la lluvia, siempre imprevista.